Chocolate con amor y sabor a campo

El periodista Tony Arias Gil, nos comparte su experiencia en un viaje hacia la comunidad de El Corozo Abajo. 

Esta comunidad ha tenido el apoyo del Programa de USAID y REDDOM para la Producción Sostenible de Cacao en la República Dominicana (para conocer más del programa, clic aquí).
 
En dichos textos él nos relata, desde una perspectiva intima, la agradable aventurar que implica visitar El Corozo Abajo, y encontrarse con un grupo de mujeres luchadoras, quienes han logrado incursionar en el mercado del cacao orgánico, con el apoyo del Programa de USAID y REDDOM para la Producción Sostenible de Cacao en la República Dominicana.
 
Les dejamos esta interesante publicación.


Chocolate con amor y sabor a campo

El domingo pintaba bien, a pesar de los afanes de ser padres del siglo XXI. No había taponamientos y el cielo estaba azul mientras Maridalia Hernández cantaba que ella sería un nocaut en su billetera.

 

Este contexto era atractivo para un viaje que nos alejara de la bachata, el ruido y el hollín de una ciudad que nos ahoga con sus fichas de dominó.
Y así emprendimos un viaje que nos llevaría de nuevo a esa zona rural que conocí como parte de uno de mis trabajos anteriores: Corozo Abajo en Yamasá.

 

¿Qué de especial podía tener un lugar en el campo que te recuerda una labor remunerativa? Para mí tenía dos significados muy importantes: volver a saborear ese agradable chocolate natural y orgánico con un rico sabor a leña; y abrazar y sonreír a un grupo de mujeres que son ejemplo de perseverancia y entrega por su sueño de una empresa chocolatera.

 

Era mi reencuentro con Las Productivas un grupo de mujeres entusiastas, agradables, trabajadoras y sobre todo súper entregadas a su empresa: Agroindustrial Las Productivas.

 

Yo sabía qué me esperaba. El chocolate hecho con semillas de cacao orgánico, sin azúcar y sin preservantes. Le dije a la agradable Altagracia que por qué a ellas el chocolate les quedaba con mejor sabor que el que yo hacía. Como ama de casa, creyó darme la receta, más bien me dio la técnica. Ahora bien, hay ingredientes que yo no puedo integrar: el amor con el que ellas reciben a los visitantes y ese toque que sólo ofrece el campo: la alegría del compartir.

 

Un viaje, una alegría, un compartir

 
Recorrer cerca de 50 kilómetros, cruzar tres ríos, entre ellos el Ozama (que lo cruzamos dos veces), y tomar el trayecto en mal estado de Peralvillo a Corozo Abajo, no tiene precio, como dice el cliché de una publicidad.
 
Aunque fue un viaje de dos horas para ir, el tiempo lo aprovechamos muy bien. Vimos los productos, los vinos, las semillas caramelizadas, mermelada y una novedad, la cocoa amarga. Conocimos sus planes de negocios y nos sentamos a diseñar planes para apoyarles en su sueño de que más que un grupo de mujeres, Las Productivas sea una empresa que permita el desarrollo de su comunidad.
 
Ese día compartimos con Carmen, la presidenta, Altagracia, Florencia, Sofía, Oliva y Rita la voluntaria del Cuerpo de Paz de los Estados Unidos.
Yo las conocía por mi trabajo anterior en la Fundación REDDOM, donde a través de un proyecto financiado por la USAID y la empresa Mondelēz, las mujeres lograron cambiar su fábrica, ampliando la infraestructura y obteniendo equipos para hacer su labor más eficiente.

 
Lo más importante es que los kilómetros de viaje se minimizan al llegar a un remanso de paz como Corozo Abajo, donde te puedes sentar en una silla a contemplar el verde que te rodea; conocer de cerca el fruto del cacao; reírte con las ocurrencias de estas mujeres que son empresarias y productoras; ¡ah! y si lo coordinas con tiempo, te puedes dar un chapuzón en el río más cercano.
 
Más allá de mi calle encontré un buen chocolate, un sancocho exquisito y unas mujeres inspiradoras. ¿Qué más se puede pedir de un viaje? Me anoto para otro domingo en Corozo Abajo, aunque no sé si llegaré a mi casa como lo hice este domingo, con la maleta del vehículo premiada.